Cuando hace un tiempo -tras los trajes, el Gürtel y demás corruptelas-, el PP, con Camps a la cabeza, volvió a ganar en la Comunidad Valenciana, mucha gente comenzó a preguntarse si los valencianos tenían algún síndrome raro. Pero en realidad, aquel resultado fue algo que a mí no me extrañó en absoluto, pues si uno lo piensa detenidamente, el grueso de votantes de un partido casi siempre está formado por fanáticos. Personas que, se presente quien se presente como cabeza de lista de su partido, irán siempre a votarle.
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